...las ideas y las palabras fluirán en un torrente incontenible y arrasador que me arrastrará consigo y que ya no podré controlar. Seré esclavo de ella, "
esclavo de mí mismo" porque ellas revelarán, sin que yo pueda hacer nada, mi verdadera personalidad y mis verdaderos deseos. Y todo va a valer madres, porque a la gente no le va a gustar. Porque todos son igual de egoístas y cerrados de mente que yo, o más
¿Qué es mejor, controlar tu vida y la imagen que das a los demás y lo que ofreces? ¿O ser tú mismo, sin ataduras, sin retenciones, sin tener miedo de mostrarte, sin ocultar incluso las cosas que sabes que no son buenas para los demás? Aunque seas esclavo de tus acciones, sólo serías esclavo de ti mismo, es mejor eso que ser esclavo de los demás, ¿no?
¿Qué dice mi corazón acerca de estas dos opciones? Que es más rico lo segundo, más divertido, y más real también. Y eso es importante. Que es lo que mi alma quería. pero es difícil, porque nunca he actuado así, siempre ha sido al contrario y me da miedo que mi verdadero yo tome decisiones equivocadas y la cague.
¿Qué quiero decir en realidad? Que cargo con una dicotomía largo tiempo ha: la de saber muy bien lo que los demás quieren que les dé, la de cuál es el papel que podría cumplir y que en general se aceptaría, unos un rato, otros en otro. Que hasta ahora esa ha sido mi manera de conducirme: pensar primero en lo que dirían o harían los demás en reacción a lo que yo haga, y actuar en consecuencia a ello. Buscar una forma de no defraudarme completamente a mí mismo, pero de alguna forma influir en los demás, querer que reaccionen de la forma que a mí me gustaría. Eso está bien, es una herramienta social útil, y se supone que eso podría traerme satisfacción y felicidad. El problema es que es delgada la línea que separa tener contentos a los demás para que actúen como espero, de actuar yo mismo de forma diferente a la que a mí me haría feliz. Y ahora he llegado a un punto en mi vida en el que se abre una nueva opción para mí: hacer algo que a mí quizás me hiciera feliz, aun sin estar al 100% seguro, arriesgándome; pero que casi con toda seguridad no les va a gustar a los demás. O no les va a gustar a algunas personas en concreto. Por ejemplo, dejar mi trabajo. Eso no le gustaría a mi jefa, a mis estudiantes, a mi madre (o eso creo a priori al menos. Quizás a la mera hora a todo el mundo se la suda). Antes me hubiera atormentado mucho enfrentarme a la reacción de todos ellos, decepcionarlos, que dejaran de pensar bien de mí. Ahora estoy empezando a vislumbrar la opción de no ser yo el que se achante con mis propios deseos e impulsos, sino los demás. No reprimirme para que los demás no sufran, sino explotar, liberarme, romper el sello de mi garganta y que los demás se hagan cargo de sus reacciones. Cantar en el metro si me da la gana, decirle a quien me gusta que me gusta y a quien creo que se está apendejando que se apendeja, y que lo procesen ellos. Yo bastante ya tengo con lo mío. Pero, carajo, qué decisión arriesgada es ésta. Supone dejar de controlar lo que los demás me ofrezcan (¿alguna vez lo hice?), supone dejar a los demás a cargo casi por completo de su reacción ante mí y de su relación conmigo. Y creo que eso no es viable, porque me importa demasiado mi relación con los demás, con algunos demás en concreto. Me importa lo que piensen de mí, porque sólo no soy nadie, porque solos no somos nadie. Supongo que, de nuevo, lo suyo es encontrar un equilibrio. Pero, carajo de nuevo, veo ese impulso de liberarme dentro de mí, y hay una enoorme fuente de energía en ello, es algo que me mueve muchísimo, me alegra y me emociona y me plantea una vida más colorida y más viva y más emocionante y más divertida. Tengo muchos días grises últimamente, todos esos son días en los que vale más lo que quieran los demás que lo que quiera yo. Son días dedicados a los demás, pero ni siquiera de una forma en la que crea que los ayude realmente. Como que sigo para que nada cambie, que todo siga bien y tranquilo. Sabiendo lo que realmente pienso de mi rutina (que no lleva a nada, que no sirve para nada) pero sin decirlo, para que no cree problemas. Sin decirle a Tracy que por qué coño está estudiando español, que para qué está ahí, para qué me hace ir dos putas veces a la semana si no le interesa una mierda lo que vemos en clase. Si no cree que le sirva para algo ella tampoco. O a los de Axa que me gusta ir a verlos, a enseñarles, pero que nunca van a aprender inglés sólo con eso, que cada uno va para un lado diferente y que no se ayudan estando todos juntos. Que los tenemos juntos porque es bueno para el negocio, no porque sea bueno para ellos. Y que sí, que me gusta ir a enseñarles cosas, pero que creo que en ello no saco todo mi potencial, que me gustaría estar haciendo otras cosas, que es rutinario para mí y que siento que me miento a mí mismo y a ellos. Qué horrible, qué horrible sentir que tienes que estar mintiendo para que te paguen. Por eso nunca podría ser vendedor: ahora ya sufro por conseguir las firmas para que me paguen, y al menos creo que aporto algo. Si tuviera que vender algo que sé que no vale nada, me moriría de asco, vomitaría todas las noches al llegar a casa. Ya ahora me tengo que limpiar de lo que hago durante el día. Ya no quiero más.
Lo que pasa es que cuando uno se queja de que que no quiere lo que tiene, se supone que tiene que tener otra cosa mejor para presentarla como alternativa. Y yo no la tengo. Tengo ideas abstractas, pero nada concreto. Estoy en búsqueda, eso es lo que tengo. Y es cierto, tengo que sobrevivir, pero hay otras formas. Creo que puedo encontrar otra forma de sobrevivir mientras encuentro alguna otra cosa para hacer. Good luck to myself.