Yo
también creo que sentarse a escribir todos los días a una hora en
concreto, durante toda tu vida, como si estuvieras redactando un
enorme informe, no es el oficio creativo en realidad. Al final,
acabarás produciendo muchas cosas que no son buenas, o no tanto ya
buenas, sino más importante, sinceras. Si no tienes la necesidad de
decir algo, no parece lógico sentarse a buscar algo. Sería como las
tesis que se hacen sólo porque hay que hacer una tesis, no porque el
investigador realmente desee saber más sobre ese tema, o haya tenido
una idea importante en él.
Aunque
también puedo defender la otra teoría, la de que es una forma de
buscar en uno mismo y empujar algo hacia afuera que se resiste a
salir. Porque es cierto que los escritores tampoco tienen las novelas
dentro, acabadas y redondas como perlas en las ostras, sino que
tienen que ir empujándolas, sudándolas, trabajando en ellas, más
como una piedra que hay que modelar hasta diamante. A veces tienen
que añadir partes que no son especialmente relucientes, pero que son
necesarias para darle fin, para terminarla.
Quizás
esta segunda visión sea más realista, tenga más en cuenta la
imperfección de los humanos, frente a esa idea romántica y
enardecida de los escritores como iluminados con capacidades
diferentes al resto de los humanos. Creo que las diferencias que un
escritor puede tener con los demás serían como mucho más
paciencia, más humildad y menos vergüenza.
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