lunes, 8 de diciembre de 2014

Rutina


Yo también creo que sentarse a escribir todos los días a una hora en concreto, durante toda tu vida, como si estuvieras redactando un enorme informe, no es el oficio creativo en realidad. Al final, acabarás produciendo muchas cosas que no son buenas, o no tanto ya buenas, sino más importante, sinceras. Si no tienes la necesidad de decir algo, no parece lógico sentarse a buscar algo. Sería como las tesis que se hacen sólo porque hay que hacer una tesis, no porque el investigador realmente desee saber más sobre ese tema, o haya tenido una idea importante en él.
Aunque también puedo defender la otra teoría, la de que es una forma de buscar en uno mismo y empujar algo hacia afuera que se resiste a salir. Porque es cierto que los escritores tampoco tienen las novelas dentro, acabadas y redondas como perlas en las ostras, sino que tienen que ir empujándolas, sudándolas, trabajando en ellas, más como una piedra que hay que modelar hasta diamante. A veces tienen que añadir partes que no son especialmente relucientes, pero que son necesarias para darle fin, para terminarla.
Quizás esta segunda visión sea más realista, tenga más en cuenta la imperfección de los humanos, frente a esa idea romántica y enardecida de los escritores como iluminados con capacidades diferentes al resto de los humanos. Creo que las diferencias que un escritor puede tener con los demás serían como mucho más paciencia, más humildad y menos vergüenza.

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